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Harold Zavala: "La amistad para mí es un apostolado, por amor seguimos estando en Rotary"

Ana Cristina Chávez Arrieta

C.N.P: 10.387


  La grandeza de una persona no se mide en centímetros, sino en la altura que hay en su corazón y en la inmensidad de su afecto. Harold Zavala es un músico venezolano que nació en la ciudad de Maracaibo, estado Zulia, el 28 de julio de 1945 y aunque es un profesional de distintas disciplinas como la comunicación social, el derecho y la historia, definitivamente es la música su razón de vida, pero lo que lo hace sobresalir del resto es su sensibilidad humana para el voluntariado social.


    En 1962 junto a Rafa Rojas, Ender Fernández y Helí Andrade, entre otros, fundó la orquesta Los Imperial's, la agrupación de guaracha más importante de la región, pero su historia musical empezó en la infancia, cuando a los siete años su tío lo inscribió en clases de música a escondidas de su madre, la señora Hilda, quien desde un principio se opuso a las inclinaciones artísticas de su hijo. Sin embargo, la vocación de Harold Zavala fue indoblegable y fiel a su liderazgo nato fundó otras orquestas desde la temprana edad de 12 años, llamadas Los dancing boys y Los casinos, donde tocó incluso con cantantes de talla mundial como Felipe Pirela. Como era de esperarse, la juventud fue una limitante junto con las restricciones impuestas por la figura materna, lo que lo obligó a delegar la dirección en otros compañeros. Muchos años después, la señora Hilda se convirtió en la fanática más orgullosa de su talento y disciplina, confesándole que le hubiera gustado verlo dirigir una orquesta sinfónica.

Harold Zavala incursionó en la música a los siete años y a los 12 conformó su primera orquesta, pero es en 1962 cuando funda Los Imperial's.




   Conversar con Harold es una cátedra permanente, lo visitamos en su casa y en medio de libros, fotografías, cuadros y anécdotas ratificamos lo honrado y agradecido que se siente de su experiencia vital, de su familia, de su trabajo como comunicador, abogado y docente universitario, pero también de su servicio social en Rotary Catatumbo.



   Arturo Pérez-Reverte afirmó que “una biblioteca no es un conjunto de libros leídos, sino una compañía, un refugio y un proyecto de vida", y justamente eso parece el estudio de Harold, allí consigues desde textos de derecho, comunicación, medicina y religión, hasta diplomas, reconocimientos y una réplica de la tabla de la Virgen de Chiquinquirá, lo que demuestra su diversidad de intereses y amplia cultura. La pregunta obligatoria frente a los estantes repletos de libros es si los ha leído todos y nos responde que sí, pero luego observamos unos ejemplares en su envoltura original que nos permiten confirmar lo que asegura el escritor español: una biblioteca es un proyecto de vida y la existencia de Harold es un camino que sigue en construcción y tiene mucho que dar aún, como ese libro sin abrir que guarda una promesa.




   Ejemplo de lo que es un buen maestro, cuida su presentación personal y practica con vehemencia el arte de la oratoria; vestido con saco y corbata nos dio la bienvenida, una estola identificada con el logo de Rotary Internacional y su nombre en letras grandes rodea su cuello y se despliega a los lados del pecho, un par de mancuernillas doradas en los puños de su camisa resaltan la elegancia que lo distingue, pero su mirar sereno, la habilidad que tiene para escuchar y la sonrisa sincera destacan su humildad, sencillez y capacidad afectiva que ha cultivado a lo largo del tiempo.




Labor social como emblema... 

   Indiscutiblemente la memoria de Harold es musical, de forma rítmica brotan de sus labios palabras, hechos y personajes, se suman al diálogo datos históricos, apuntes científicos y una ternura que le humedece los ojos en señal de agradecimiento. Relata que a los 17 años aproximadamente ingresó al Club de Leones de Maracaibo Rafael Urdaneta, del cual llegó a ser presidente. En esta organización de voluntariado realizó sus primeras labores de servicio social que posteriormente lo llevaron en el año 2013 a formar parte de Rotary Internacional mediante la afiliación al Club Rotary Catatumbo, en donde por dos periodos consecutivos (2014-2015 y 2015-2016) asumió la presidencia. Zavala acompañó a la abogada Ethel Stavisky a conformar en 1979 la primera Aldea Infantil SOS de Venezuela en La Cañada de Urdaneta y luego otra en Ciudad Ojeda.

     Fue presidente de Rotary Catatumbo durante dos períodos             consecutivos. 

    Así mismo, colaboró con el Monseñor Gustavo Ocando Yamarte a crear en 1975 el Instituto Arquidiocesano Niños Cantores del Zulia, la Universidad Católica Cecilio Acosta en 1983 y lo que se conoce como el complejo Ciudad de Dios en 1989. Con esta amplia experiencia de servicio a la comunidad y sobre todo a la infancia y juventud, llegó a Rotary Catatumbo gracias a la invitación de su amigo Junior Moussa. Entre los proyectos ejecutados durante su gestión como presidente menciona la reactivación de Rotaract Catatumbo y la creación de Interact Catatumbo y Rotaract Guajira, al igual que el impulso de un plan de saneamiento del Lago de Maracaibo.

   Como información importante acota que el doctor José Domingo Leonardi Carrillo, quien fue rector de La Universidad del Zulia y lo trajo al mundo mediante una cesárea en el Hospital Quirúrgico de Maracaibo (hoy conocido como Maternidad Castillo Plaza) fue socio fundador de Rotary Maracaibo y ocupó un cargo directivo en Rotary Internacional, “le debo la vida a ese rotario”, asevera. “Qué honor que quien me trajo al mundo me tocó y dijo vas a ser una persona que va a ayudar a los demás. Si lo tengo de él qué buena herencia me dejó y lo agradezco con el alma”, recalcó.


Amor y amistad como principios de vida...

  Ante la pregunta ¿cuáles son los valores de su vida familiar que ha trasladado al trabajo social en el club Rotary Catatumbo?, el también voluntario de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela respondió sin dudar “el amor por la amistad. Yo he predicado lo que he podido practicar, la amistad para mí es un apostolado”. En este sentido, Harold Zavala se considera amigo de todas las personas que integran el club, pero menciona a tres con especial cariño: José Francisco Maradey, Roberto Ramírez y Junior Moussa.



   Otro aporte fundamental ha sido la alegría, “la alegría de sentirse en compañía de gente que hace todo lo que nos dicen nuestros padres, todo lo que nos dicen nuestros antecesores, quienes nos formaron: haz el bien y no acates a quien. Todas esas cosas las tenemos desde que éramos pequeñitos, la bondad que aprendimos también de nuestros padres y la que aprendemos en el Rotary, dar de sí antes de pensar en sí, como decía Paul Harris”.

   La renovación en todo equipo humano permite adaptarse a nuevas realidades y continuar avanzando hacia la meta en común, de allí que Zavala enfatiza en la necesidad de contagiar con nuevas fuerzas a quienes conforman Rotary Catatumbo, “el entusiasmo no lo puedo perder y decir que estoy viejo. A mí me pueden llamar para tocar en un evento del club y me siento halagado. Por eso tú ves que los rotarios hacemos actividades de compañerismo, porque se quiere lo que se tiene cerca, lo que se ve, lo que se toca”.

  Y dentro de esa dinámica la comunicación es un pilar, no solo a lo interno del grupo para mantener la cohesión, sino también a lo externo, como proyección de información y de imagen pública. Haciendo gala de su rol de periodista y locutor nos recuerda que el trabajo de Rotary Catatumbo debe darse a conocer para captar fondos y aumentar la membresía, “lo que no se conoce no se quiere, te enamoras de alguien porque lo viste y lo sigues viendo y te agrada la compañía de él. Esto es como un enamoramiento de lo que se hace. Se siente porque se hace. Todos los rotarios trabajamos para garantizar el sustento diario, todos tenemos compromisos pero el entusiasmo es el que nos motiva a seguir con la labor social”.  

   De ese modo alza la bandera del amor como fuerza impulsora dadora de vida, la misma que durante 53 años de matrimonio con su esposa Velvet le permitió conformar una familia y procrear cinco hijos: tres mujeres y dos hombres, extendiendo su legado hasta los nietos. “Por amor seguimos estando en Rotary”, ratifica. 

  Finalmente le hace un llamado al resto del club Catatumbo: “no pierdan nunca el rumbo porque el rayo siempre va a iluminar y sanear, igual que lo hace con la atmósfera, que sanea todas las impurezas que todos los seres humanos del planeta le echan a la atmósfera, el relámpago del Catatumbo solito brilla y vibra para que eso se quede limpio. Así debemos ser los de Rotary Catatumbo, es deber de nosotros incentivar el interés para que el amor nunca decaiga. Mientras viva sigo siendo rotario”.







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